Es extraño sentirse como sea que uno se sienta.
Es extraño vivir.
viernes, mayo 07, 2010
miércoles, mayo 05, 2010
Las cárceles en el Perú (Parte2)
Tendría que haber un replanteo de para qué sirven las cárceles.
No basta con encerrar a los malos elementos, hacer como si no existieran, alimentando así el círculo vicioso de la delincuencia.
Se tiene que hacer un trabajo con los reclusos. Consultas psicológicas obligatorias, talleres artísticos, capacitaciones en oficios o profesiones. Estaría bien también que hagan el servicio comunitario en lugar de estar haraganeando en sus celdas, de buscar pleitos, de juntarse en pandillas.
Se escucha mucho por ahí que el Perú está avanzando. Que avance en serio, que avance hacia una sociedad más ordenada.
No podemos ver las cosas tan superficialmente como para no ver que las cárceles no solo sirven para hacer desaparecer temporalmente a los delincuentes. Sino para hacer de estos gente confiable y trabajadora, con ganas de crecer.
Toda una reforma carcelaria junto con un sistema de prevención de la delincuencia, serian un gran paso para la eliminación de ella. Y este a su vez sería un paso más hacia la construcción de una sociedad mejor.
Y la prevención no es cuestión de serenazgo o de la policía. La prevención tiene que apuntar hacia el desarrollo intelectual de los jóvenes. Sea mediante actividades artísticas, deportivas, o de cualquier índole. La prevención tiene que apuntar a dar múltiples alternativas para desarrollar múltiples talentos, y alejar la delincuencia de esas alternativas. Con centros especializados de atención psicopedagógica, escuelas de padres, etc. Este tipo de prevención es una de las labores de una municipalidad responsable con sus vecinos, y de vecinos responsables de igual manera con su distrito.
Avanzar hacia el lado correcto no es difícil señor García, construir valores no es tan complicado señor Castañeda.
Continuará.
No basta con encerrar a los malos elementos, hacer como si no existieran, alimentando así el círculo vicioso de la delincuencia.
Se tiene que hacer un trabajo con los reclusos. Consultas psicológicas obligatorias, talleres artísticos, capacitaciones en oficios o profesiones. Estaría bien también que hagan el servicio comunitario en lugar de estar haraganeando en sus celdas, de buscar pleitos, de juntarse en pandillas.
Se escucha mucho por ahí que el Perú está avanzando. Que avance en serio, que avance hacia una sociedad más ordenada.
No podemos ver las cosas tan superficialmente como para no ver que las cárceles no solo sirven para hacer desaparecer temporalmente a los delincuentes. Sino para hacer de estos gente confiable y trabajadora, con ganas de crecer.
Toda una reforma carcelaria junto con un sistema de prevención de la delincuencia, serian un gran paso para la eliminación de ella. Y este a su vez sería un paso más hacia la construcción de una sociedad mejor.
Y la prevención no es cuestión de serenazgo o de la policía. La prevención tiene que apuntar hacia el desarrollo intelectual de los jóvenes. Sea mediante actividades artísticas, deportivas, o de cualquier índole. La prevención tiene que apuntar a dar múltiples alternativas para desarrollar múltiples talentos, y alejar la delincuencia de esas alternativas. Con centros especializados de atención psicopedagógica, escuelas de padres, etc. Este tipo de prevención es una de las labores de una municipalidad responsable con sus vecinos, y de vecinos responsables de igual manera con su distrito.
Avanzar hacia el lado correcto no es difícil señor García, construir valores no es tan complicado señor Castañeda.
Continuará.
martes, mayo 04, 2010
Las cárceles en el Perú (Parte 1)
Es increíblemente espeluznante cómo se manejan las cárceles en el Perú, el concepto que se tiene de ellas.
Las cárceles aquí sirven para crear más delincuentes o volver más peligrosos a los que están ya ahí.
El recluso cuando sale de la cárcel sale con mucho odio por todas las cosas que pudo haber pasado. El recluso sale sin oportunidad. Cuando debería ser todo lo contrario, el presidiario al salir de la cárcel debería salir hecho un hombre de bien, en el cual la sociedad pueda confiar. El preso debería salir sin excepción alguna con un oficio o profesión.
Y puede haber mucha oposición en cuanto a esto.
¿Eso no sería castigar?
Quizá lo que necesitamos no es castigar para crear monstruos sino tratar de insertarlos nuevamente y de verdad a la sociedad.
Analicemos un poco. Hoy en día, año 2010, vigésimo primer siglo ¿seguimos pensando que el castigo es correctivo? Si es así tenemos que revisar nuestra capacidad de observación y de análisis.
Quien viva en Lima y viaje en ómnibus sabe lo que es encontrarse cara a cara con esa realidad, ex-presidiarios intimidando a los pasajeros para vender unos cuantos caramelos o simplemente estirando la mano esperando unas cuantas monedas. Y tantos otros que saliendo de la cárcel siguen en un círculo vicioso de delincuencia, muchas veces porque no tienen oportunidad.
Siendo como son las cárceles hoy en día es perfectamente comprensible que se tenga recelo hacia un hombre o una mujer salidos de cárcel, es perfectamente comprensible que no se les quiera dar un trabajo.
Sería interesante que las cárceles tengan una bolsa de trabajo para los reclusos que hayan cumplido su condena. No es así simplemente porque el INPE, el gobierno en general no quiere responsabilizarse por la gente estuvo entre rejas, y no lo quieren hacer porque saben a la perfección que no hacen bien su labor. Es así, las cárceles son escuelas de especialización delincuencial.
Por otro lado, si se trata de castigar sorprende que los mismos castigados puedan organizar fiestas con orquesta, puedan emborracharse, drogarse, matarse. No se puede tratar de insertar a alguien en una sociedad ordenada desde una anarquía.
Hay; sin embargo. dentro de esta filosofía del castigo, algunos privilegiados, que por su poder llevan una vida tranquila y llena de comodidades , no digo que el mismo hecho de estar encerrado no sea un castigo, indigna; no obstante que cuenten con televisión por cable, teléfonos celulares y sabremos nosotros qué otro lujos.
Con cárceles como las que tenemos va a ser imposible erradicar la delincuencia de nuestro país, va ser imposible poder siquiera soñar con un Perú sin pandillas, sin barras bravas.
Las cárceles aquí sirven para crear más delincuentes o volver más peligrosos a los que están ya ahí.
El recluso cuando sale de la cárcel sale con mucho odio por todas las cosas que pudo haber pasado. El recluso sale sin oportunidad. Cuando debería ser todo lo contrario, el presidiario al salir de la cárcel debería salir hecho un hombre de bien, en el cual la sociedad pueda confiar. El preso debería salir sin excepción alguna con un oficio o profesión.
Y puede haber mucha oposición en cuanto a esto.
¿Eso no sería castigar?
Quizá lo que necesitamos no es castigar para crear monstruos sino tratar de insertarlos nuevamente y de verdad a la sociedad.
Analicemos un poco. Hoy en día, año 2010, vigésimo primer siglo ¿seguimos pensando que el castigo es correctivo? Si es así tenemos que revisar nuestra capacidad de observación y de análisis.
Quien viva en Lima y viaje en ómnibus sabe lo que es encontrarse cara a cara con esa realidad, ex-presidiarios intimidando a los pasajeros para vender unos cuantos caramelos o simplemente estirando la mano esperando unas cuantas monedas. Y tantos otros que saliendo de la cárcel siguen en un círculo vicioso de delincuencia, muchas veces porque no tienen oportunidad.
Siendo como son las cárceles hoy en día es perfectamente comprensible que se tenga recelo hacia un hombre o una mujer salidos de cárcel, es perfectamente comprensible que no se les quiera dar un trabajo.
Sería interesante que las cárceles tengan una bolsa de trabajo para los reclusos que hayan cumplido su condena. No es así simplemente porque el INPE, el gobierno en general no quiere responsabilizarse por la gente estuvo entre rejas, y no lo quieren hacer porque saben a la perfección que no hacen bien su labor. Es así, las cárceles son escuelas de especialización delincuencial.
Por otro lado, si se trata de castigar sorprende que los mismos castigados puedan organizar fiestas con orquesta, puedan emborracharse, drogarse, matarse. No se puede tratar de insertar a alguien en una sociedad ordenada desde una anarquía.
Hay; sin embargo. dentro de esta filosofía del castigo, algunos privilegiados, que por su poder llevan una vida tranquila y llena de comodidades , no digo que el mismo hecho de estar encerrado no sea un castigo, indigna; no obstante que cuenten con televisión por cable, teléfonos celulares y sabremos nosotros qué otro lujos.
Con cárceles como las que tenemos va a ser imposible erradicar la delincuencia de nuestro país, va ser imposible poder siquiera soñar con un Perú sin pandillas, sin barras bravas.
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